Especialmente en hombres a partir de los 45 años
Resolvemos algunas de las dudas más habituales sobre las consultas, pruebas y tratamientos urológicos.
No existe una prevención absoluta, pero adoptar hábitos saludables puede reducir el riesgo. Una dieta equilibrada, ejercicio regular, control del peso y revisiones periódicas son medidas clave para disminuir la probabilidad de desarrollar la enfermedad.
Se recomienda realizar revisiones anuales a partir de los 45 años, especialmente si existen factores de riesgo. También es importante acudir ante síntomas urinarios o cualquier cambio que pueda indicar un problema prostático.
Los síntomas, cuando aparecen, pueden incluir dificultades urinarias, aumento de la frecuencia miccional, presencia de sangre en orina o semen, dolor óseo o disfunción eréctil. No obstante, estos signos también pueden estar asociados a patologías benignas como la hiperplasia prostática, por lo que es imprescindible una valoración médica especializada.
El cáncer de próstata se origina cuando algunas células de la glándula prostática sufren alteraciones y se vuelven anormales. Estas mutaciones en el ADN hacen que las células crezcan y se dividan más rápido de lo normal, y además no mueran cuando deberían, lo que provoca su acumulación y la formación de un tumor. Con el tiempo, este tumor puede invadir tejidos cercanos e incluso diseminarse a otras partes del cuerpo en forma de metástasis.
Aunque no se conoce una causa exacta que explique su aparición, diversas investigaciones han identificado factores de riesgo que pueden favorecer estas alteraciones celulares y aumentar la probabilidad de desarrollar cáncer de próstata.
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